La crueldad del fotógrafo

agosto 20, 2009

Este es el título de un libro que ha llamado mi atención hoy. Lo sorprendente ha sido al mirar la contraportada y descubrir que habla de un tema sobre el que llevo pensando mucho tiempo. Exactamente la misma cosa. Es una tontería, pero lo explico igual:

Primero, nos plantamos delante de la Torre Eiffel o el Museo del Prado, o la Sagrada Familia o lo que tengamos más a mano. Al cabo de pocos minutos, ya hemos salido en un montón de fotos de gente a la que no conocemos y a la que jamás conoceremos.  Si pasamos un tiempo considerable multiplicaremos las posibilidades de salir en más y más fotos… que nunca veremos. Al cabo de nuestra vida podemos confiar en salir en miles de fotos ajenas.

Este septiembre, mucha gente enseñará a sus amistades fotos turísticas de Berlín en las que salgo yo. Ellos no son conscientes de ello, y yo jamás veré esas fotos… en principio. A menos que tengamos en cuenta el factor Flickr

Como ejemplo, esta foto que tomé hace un tiempo en Kioto.

maikos

Tres jóvenes anónimas paseando por la calle. Pues resultó que alguien la vio en Flickr y acabé sabiendo que las maiko de la foto se llaman Kazuha, Mameteru y Yasuha (no me preguntéis quién es quién) y que ese día iban a la peluquería. No sólo eso, les hizo gracia la foto porque iban… informales! De andar por casa,vamos.

Es sólo un ejemplo. Hace tiempo leí una entrada en Microsiervos hablando de un pryecto en una línea parecida. Hay mucha gente que se dedica a coleccionar fotos de aficionados anónimos que encuentran en los mercadillos. La cosa parece una simple diversión inocente, pero tiene su enjundia y merece tratamiento aparte. Para comprobarlo basta darse una vuelta por la web de MangoFalls.

Ya veis lo que hace el calor y el poco trabajo

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