Psicología básica para fotógrafos: el sujeto hostil

marzo 19, 2010

Todo fotógrafo se ha tenido que enfrentar en algún momento a una situación conflictiva:  fotografiar a un sujeto que, por las razones que sean,  no está por la labor. A menudo se trata de seres mezquinos y resentidos, que pretenden hacer pagar a los demás por su mediocridad. No los juzgaremos aquí, pero el caso es que el tal individuo nos puede complicar la vida de mala manera y nos importan un rábano sus motivos. Lo primero que hemos de hacer es averiguar si podemos prescindir del sujeto. No es muy frecuente, pero en alguna ocasión tenemos esa suerte. En ese caso, le pedimos disculpas educadamente o lo mandamos a cagar a la vía, eso ya depende del carácter de cada uno y del grado de ira que el pájaro te haya provocado.

Como ya he dicho que esto es poco frecuente, pasaremos al plan B. El sujeto no sólo intentará sabotear nuestra labor, sino que, de manera inconsciente, intentará dominarnos y humillarnos. Este comportamiento tiene raíces muy profundas en la evolución de la especie y tampoco lo analizaremos aquí. Debemos evitar a toda costa hacerle la pelota, ya que eso lo reafirmaría en su posición dominante. Lo primero que haremos es explicarle claramente lo que vamos a hacer, y de qué manera. Tenemos muy en cuenta que su tiempo es valioso, pero el nuestro también, de modo que si todos cooperamos la cosa será rápida y podremos perdernos de vista mutuamente en un tiempo récord. Hay que demostrar decisión y no dudar, más vale pecar de bruscos al principio. Si habéis visto documentales de esos que educan a los perros podéis aplicar todo lo que dicen, porque el sistema viene a ser el mismo.

Una vez hemos establecido las bases del diálogo, podemos suavizar la cosa usando el viejo método del palo y la zanahoria,  e interesarnos un poquito por nuestro sujeto y mimarlo un poco, pero indirectamente, sin que se note. Os sorprenderéis de comprobar cómo una cosa tan simple funciona casi siempre. Podéis felicitarlo por las vistas estupendas que tiene su despacho, o decir que habéis leído que su empresa acaba de subir dos puntos en el IBEX.  Normalmente funciona. En caso contrario, hay que fingir que no te das por aludido por sus constantes miradas al reloj y sus insinuaciones de difusas e importantísimas reuniones. Ha llegado la hora  del plan C

Ahora vamos a aplastar toda resistencia demostrando quién manda. El fulano se muestra desdeñoso, de modo que vamos a darle una dosis de su propia medicina. Si el tipo es un vendedor de coches usados le comentas que la semana anterior estuviste fotografiando a Fernando Alonso, si es un ejecutivillo del tres al cuarto, le sueltas que Bill Gates tiene un pisapapeles como el suyo, y si es un desempleado, que tienes prisa porque te esperan en la Casa Real. Mucho ojo con esto. Hay que usar este recurso con mesura porque es muy fácil acabar pareciendo un imbécil. Yo llevo muchos años y le tengo cogido el truco, pero los más novatos notareis una mirada de triunfo en los ojillos voraces de vuestro sujeto. Se os ha visto el plumero y la cosa ya no tiene arreglo.

Continuará

Anuncios

The Brown Manager

noviembre 28, 2009

Tiruliru tiruliru, suena el teléfono. Resulta ser un cliente del que hacía tiempo que no tenías noticias:

-Necesitamos una foto de una monja hablando por un Iphone mientras pasea un rotweiller que, aprovechando un descuido, está devorando una comadreja. Todo en un ambiente limpio y moderno, la monja que está de buen ver. Lo necesitamos para mañana. Ah, y háztelo como puedas porque no tenemos presupuesto.


Tu cliente te llama poco últimamente  porque tira de foto low-cost. En sus presupuestos ha dejado de considerar el gasto del fotógrafo con lo que consigue ser más competitivo y/o aumentar sus beneficios. Si te ha llamado precisamente ahora es porque esa foto no la puede encontrar en los archivos de stock.. El caso no le supone mayor contratiempo, ya que que el sueldo del fotógrafo, como el espacio-tiempo, es elástico. A tu cliente no se le ocurre coger un taxi y decir: “Lléveme a la Diagonal, pero hágalo como pueda porque no tengo presupuesto” el taxista le dirá que coja el autobús, o lo mandará a la mierda sin más. Quién fuera taxista…

Hay varias maneras de confesar la propia insolvencia económica, todas malas: No tengo dinero, cinco bocas que alimentar, es triste pedir pero más triste robar, etc. El gran descubrimiento fue “no tenemos presupuesto”. Con esta frase se consigue derivar la culpa a una entidad superior (el cliente del cliente) de una manera elegante. Hay malpensados que insinúan que se hace un uso abusivo del argumento con fines espurios, pero son gente zafia y ruin, que no entienden las complejidades del mundo de los negocios.

De modo que este es tu verdadero trabajo: negocia con una aspirante a modelo a cambio de un book, monta un traje de monja con cuatro trapos viejos, pidele el chucho al vecino de tu cuñado y el iphone al cuñado de tu vecino. La comadreja te la bajas de internet y la montas con Photoshop. Monta todo el circo rápido rápido, porque el destino de la Humanidad depende de que entregues la foto al día siguiente sin falta.  De tu cliente no tendrás noticias hasta el siguiente fregado, porque aunque no lo sepas, ya no eres fotógrafo, ahora eres   The Brown Manager,

el Encargado de los Marrones.

 


Esto lo arreglas tú con el photoshop

junio 16, 2009

operari

Todo el mundo ha oído esta frase en más de una ocasión. Primer consejo: mantened la calma. No matéis todavía a nadie. Puede pasar incluso que la frase halague vuestra vanidad, pero no hay que caer en la trampa. La gente piensa que Photoshop es una especie de varita de Harry Potter que lo arregla todo. Así, sin esfuerzo. Y es cierto, es una herramienta formidable, pero vamos a poner las cosas en su sitio. Lo que pretenden en el fondo es escaquearse pasándole el muerto a otro. Primera lección básica de Photoshop:  Si hay que barrer, se barre, porque donde esté una buena escoba analógica de las de toda la vida, que se quite lo demás.

El señor de la foto tuvo que barrer un poco y pasar el trapo a grosso modo, pero los cinco minutos invertidos valieron la pena. Y además a la vista está que tampoco se lo tomó a mal.  Bastante complicada es ya la vida.


Más usos de la luz casera

junio 14, 2009

Una vez nos hemos molestado en construir un artilugio que funciona, la cosa consiste en amortizarlo. En este caso se trata de la pistola de luz del anterior post. Estaba claro que se podía usar de manera más interesante, de modo que lo guardé en la Nevera de recursos. La Nevera es un arsenal de trucos, recursos, conocimientos, o llamadle como queráis, que todo aquel que se dedique a este oficio debe tener siempre lo más repleta posible. La Nevera se va llenando con todo aquello que te llama la atención, una foto que te gusta, una iluminación, una película, o gadgets de tipos diversos.

Porqué es tan importante tener a tope  la nevera?

La respuesta es obvia. Tener una buena idea no tiene mérito, incluso es fácil; yo he tenido algunas de vez en cuando. El problema es tenerla a toque de pito, de hoy para mañana. Te llama un cliente que quiere una portada para un libro, y la quiere para mañana, que sea diferente, sorprendente, lo nunca visto. De modo que te toca ir a la Nevera y rebuscar entre aquellas cosas que has ido acumulando para estos casos. O eso, o ponerse estupendo y tener una idea súper creativa al instante. No nos vamos a engañar, eso no sucede casi nunca, no en la vida real, de modo que tiramos de recursos para salvar la situación. Cuando tienes tantos recursos que puedes solventar cualquier situación sin que se note mucho y sin repetirte, se dice que tienes oficio.

En este caso se trataba de ilustrar un libro con el concepto teléfono que da mal rollo, y el objeto a fotografiar era un teléfono envuelto en alambre de espino. Nada espectacular, pero la pistola le dio el toque perfecto.

telefonfinal2

Este otro caso era una portada sobre un ejecutivo cabrón y la foto se hizo en un aquí te pillo aquí te mato. La pistola evita ver todo aquello que no interesa y centra la atención en lo esencial. Hasta consigue darle un toque de misterio a la foto. La cara la ennegrecieron por cosas del diseño

ejecutivo 10

Cuando lo haces muchas veces, el cliente está feliz y piensa que eres muy creativo.  No digo que no exista esa gente, pero los que somos personas humanas normales funcionamos de una manera más prosaica. Ninguna de estas fotos pasará a la historia de la fotografía, ni falta que hace. Cumplieron su cometido en su momento, y punto, porque aquí no estamos para hacer Arte.

Pero esa es otra discusión


Preguntas demasiado frecuentes

mayo 27, 2009

laboratorio

Si has ido alguna vez a hacer fotos a una empresa ya conoces al Gracioso. El Gracioso es ese ser que tanto abunda en la naturaleza y que en nuestro caso, se ocupa de decir las tres frases que oirás a lo largo de tu vida profesional veinte millones de veces, más o menos. Lo malo es que quien la dice está convencido de ser tremendamente original e ingenioso. Ahora veremos que no.

La primera se produce cuando le haces fotos al susodicho: “Eh, que hay que pagar derechos de imagen !”  Se pasan el día viendo programas del corazón y luego pasa lo que pasa. Respuesta estándar: el silencio. Continuad con vuestro trabajo.

La segunda se produce cuando haces las fotos a un compañero del Gracioso de sexo masculino: “Cuidao con ese que te va a romper la cámara”. Misma respuesta que en el caso anterior

La tercera tiene lugar cuando la fotografiada es una mujer y, en este caso, se dirigen a ella: “Anda Mari Pili, de aquí a Hollywood”. Lo dicho, ni caso.

Hay una cuarta frase, esta vez cuando la fotografiada se dirige el fotógrafo y le espeta: “Sácame bien guapa” Una vez se me ocurrió decir aquello de que yo hacía fotos, no milagros. Una recomendación: No lo hagáis vosotros.