Dicen que que la publicidad es infalible a la hora de detectar por dónde van las tendencias del cambiante mundo moderno. Si esto es lo que viene, estamos listos

Me imagino al creativo de turno vendiendo la idea al cliente. “Será una imagen como de rollo fiestuqui y tal no? He hecho unos layouts así con la Lomo un poco como para que veas la onda y eso” Y mientras tanto se atusa la coleta y muerde la punta de sus gafas de pasta supergordacas recién compradas en una tienda megafashion que hay en BrickLane donde sólo te venden si vienes recomendado. Total, tío. O sea, que la cosa va sobre ruedas y los dos salen de la reunión encantados de haberse conocido. Tampoco hay problemas con el fotógrafo. Si es un profesional como debe ser ya está curado de espantos y está entrenado para poner cara de póquer en cualquier circunstancia. De modo que asiente mecánicamente y sale de allí lamentando no haber hecho caso a su padre cuando le aconsejaba que hiciera oposiciones al cuerpo de funcionarios de prisiones. Llega el día de la toma. La luz está preparada en un momento, es un puto flash en la cámara. Lo malo es que el fotógrafo tiene que traducir las instrucciones del cliente a un idioma que los modelos, y cualquier persona normal, entienda. De modo que echa una última mirada a su cliente, preferiría que no estuviese allí pero no se puede hacer nada; se arma de valor, prepara la cámara y da las órdenes:
-Poned cara de gilipollas y haced un poco el subnormal.
Escrito por Siqui Sanchez 








