Puede una cámara condicionar la manera en que tomamos fotos?. Hace muchos años me gasté lo que no está escrito en la mejor máquina que jamás he tenido, una Cambo Wide con chasis Horseman de 6×12. Una verdadera maravilla. Como dicen los pardillos “hacía unas fotos estupendas”
Como toda historia de amor, esta también tuvo su final. Con la llegada del digital la Cambo se retiró discretamente a un armario, junto con las Hasselblad. Por aquel entonces yo ya tenía un contrato con una agencia de stock llamada Panoramic Images y todo iba como la seda. No hay problema, pensé. El digital ofrece un sinfín de recursos impensables hasta el momento. Stitching, HDR, Photoshop… Quién quiere seguir con el rollo de los carretes, la incertidumbre y la mugre analógica? Un amor se va y otro lo sustituye. Todo perfecto.

Perfecto hasta que detecto en mi editor cierta desidia, cierta falta de entusiasmo. Ya no es como antes, me confiesa: “I feel like your film work is stronger and easier for me to handle.”
O sea que era eso. El trabajo analógico tenía más fuerza. Cuanto más lo pienso más me convenzo de que ha dado justo en el clavo. Se puede desaprender la fotografía? Damos por sentado que cada año que pasa seremos mejores fotógrafos, como si esto fueran los trienios de los funcionarios. Si encima tenemos mejor equipo y más juguetes, ya es la leche. Nos ha pillado una especie de síndrome de turistas japoneses. Mucho, muy barato y muy deprisa nunca ha sido la fórmula del éxito. Sobre todo si por el camino nos saltamos -por aquello de la prisa- algo tan importante como mirar. Algo que el funcionamiento lento de la CamboWide te obligaba a hacer quisieras o no.
Luego vendrán con que critico el digital y bla bla. Yo no critico nada, pero nos hemos pegado un empacho del copón en cuatro días, y estas cosas pasan factura. Yo ya he avisado
Escrito por Siqui Sanchez 




