
Un señor inquietante en la ducha. Cartel para el Primer Festival de Cinema Molest i Desagradable.

Un señor inquietante en la ducha. Cartel para el Primer Festival de Cinema Molest i Desagradable.
Mientras esperamos ansiosos la reunión del Comité de Ancianos para discutir el futuro de la profesión en La Garriga van llegando noticias que confirman los malos presagios. Leyendo el post de Paco Elvira al respecto me he arrepentido de no haber hecho caso a mi padre cuando decía que montase una charcutería. La cosa tiene su enjundia y no voy a liquidarla aquí en cuatro lineas, pero me ha parecido interesante este enlace enviado por Joan Vendrell:


El gráfico procede de un blog llamado The Awl. La cosa se entiende aunque no sepas inglés, y lo que me ha parecido más curioso es que a partir de 2006, todos los medios caen en picado… todos excepto The Wall Street Journal. Más allá de interpretaciones farisaicas y lamentos derrotistas, creo que se pueden extraer algunas enseñanzas:
Una sería que el gráfico expresa el triunfo del capitalismo salvaje y que el mundo se acaba. La gente ya no paga por leer cosas de política (qué aburrimiento) cultura (cosas de nenazas) o sucesos (a menos que sean muy sangrientos) y va de cara a lo que interesa: la pasta, el dow jones, los activos, las OPAS, el vil metal.
Sin embargo, cuando leo el periódico, me salto de manera sistemática las páginas salmón. La cosa financiera tiene una espesura y una falta de interés absoluta, al menos para mí. Imagino que a mucha gente le pasa lo mismo, o sea que el éxito del Wall Street Journal no radica en ofrecer un producto para todos los públicos, fácil de digerir y con dibujitos de colores, sino todo lo contrario. Se trata de un medio que ofrece información útil, completa y fiable sobre un tema concreto, sin irse por las ramas, y que va dirigido a aquellos que se interesan por ese tema. Lo mismo que podrías encontrar en internet, pero con el plus de la solvencia y la credibilidad, y todo cómodamente reunido en un solo periódico que puedes pasear bajo el brazo y hacerte un poco el chulo.
A lo mejor no estaría de más comenzar a plantearse la fórmula, o a lo mejor es que los periódicos pueden empezar a irse al carajo de dos en dos porque su tiempo ha pasado.
Las conclusiones, en otro post, que esto ya se alarga demasiado .

Un retrato muy simple. Dos flashes Nikon. disparados con los Pocket Wizard, como siempre al anochecer.
No debe ser un buen retrato, porque Ramonet es una bellísima persona y más bien parece lo contrario, pero me gusta.
Entre las novedades con que nos sorprenden regularmente los señores que diseñan cámaras digitales empieza a notarse cierto aire cansino de “lo que ya tienes pero más gordo”. Así, el anuncio de 102.400 ISO no deja de ser como matar moscas a cañonazos. Quién necesita eso?. Al menos no de manera regular. Da un poco la sensación de que la carrera ha sido tan frenética que hemos quemado etapas a lo bestia y no hemos dejado nada para el día después. Lo que está claro es que el modelo “compra una nueva cámara cada dos años” es el sueño dorado de los fabricantes de chatarra electrónica, pero no necesariamente para nosotros. En mi caso particular, me he plantado, y les va a costar convencerme de que mi Canon 5D MKII no me basta para hacer el trabajo. Hace 10 años que compré mi primera digital, y en este tiempo he comprado 5 cámaras reflex, una cada dos años. No soy un comprador compulsivo, de modo que resulta necesaria una explicación.
Una pequeña historia resumida de las actualizaciones de equipo.
En los tiempos remotos empecé usando una Werlisa, como todo quisque. A partir de ahí, y hasta la Sinar 9×12 cada nueva pieza de equipo representaba un paso adelante considerable respecto a lo anterior: ópticas intercambiables, autofocus, formato medio, formato grande, fin.
En el año 1999 y gastando una fortuna, compro una Nikon 1DS, (de 6 Megapíxeles!) sin saber que estaba firmando un pacto con el diablo. A partir de ahí te encuentras cada dos días con que tu el móvil de tu cliente tiene una cámara con más megapíxeles que la tuya. Durante este tiempo las cámaras tienen grandes deficiencias que se solventan de una en una, cada vez que compras un nuevo modelo, que queda obsoleto en el momento mismo de pasar la Visa por la caja. Las actualizaciones son inevitables y tienen un cierto sentido: Pasar de 6 Mp a 15 y a 21, reducción de ruido, ISO alto utilizable, velocidad del búfer, video, etc.
A la velocidad anterior, este proceso podría haber durado 30 o 40 años. Nikon sacaba un nuevo modelo cada 10 años, y podías estar usando la F2 cuando ya existía la F4 sin problemas. En lugar de eso, nos fumamos todo el proceso en 10 añitos de nada.
El problema viene cuando ya no queda nada más por ofrecer. Que las nuevas cámaras ofrezcan como novedad reconocimiento de sonrisas o chorradas por el estilo es signo de que hemos quemado toda la pólvora y no podemos decirle a la gente: “su cámara es cojonuda, no se puede mejorar, consérvela y disfrútela”. Eso iría contra el modelo de negocio, imagino que según cómo podría ser calificado de terrorismo, o algo así. Particularmente, hay un par de cosas que me gustaría que mi cámara ideal tuviera, pero me voy a aguantar muy mucho y pienso hacerla durar hasta que se caiga a trozos.
(A menos que salga algo interesante, que nunca se sabe)
Hay una cosa que me intriga con todo el revuelo este del caso Gürtel. Siempre que los periódicos hablan del Correa (el título de señor podemos obviarlo) se acaba publicando la misma foto de Uly Martín.

Debe haber cientos de fotos del indivíduo en cuestión, pero siempre acabamos en la misma imagen. La razón es muy simple, la foto nos dice de un solo vistazo y sin necesidad de subtítulos, de qué pasta está hecho el individuo en cuestión, y de paso nos explica cuatro cosas de la España reciente. Esto es lo que de siempre se ha llamado un retrato psicológico. La mirada del nuevo rico engominado es distante, ni siquiera hace el intento de disimular una arrogancia que él considera signo de clase. La actitud de la barbie recauchutada que lleva al lado es orgullosa y a la vez desafiante, la mirada de alguien acostumbrado a pelearse en las pescaderías con las chismosas del barrio. En conjunto te queda la idea de que no irías de copas con ninguno de los dos, y menos con los dos juntos. Por fotos como esta se dice aquello de que una imagen vale más que mil palabras.
A mí me recuerda (salvando las distancias) aquella imagen de Cartier Bresson

La transprencia es la misma, pero la principal diferencia es que el chaval este nos cae bien desde el principio. A lo mejor de mayor se convierte en un Correa, pero de momento irradia inocencia y optimismo. Vemos el interior del individuo a través de una imagen con toda claridad. De la misma manera podríamos haber usado como ejemplo algunas imágenes de Diane Arbus como la del niño cabreado con la granada de plástico

Hay mucho fantasma por ahí que apunta al carro y se atribuye la virtud de hacer este tipo de retratos con todo tipo de técnicas persuasivas, charlando con el modelo, penetrando en su yo interior y captando su alma y bla bla bla. Todos esos supuestos “retratos psicológicos” acaban siempre en una imagen muy oscura de un tipo mirando a la cámara con cara de estreñido. Para conseguir un retrato de este tipo es fundamental que el individuo se quite la máscara y se muestre tal cual. En el caso de los niños por simple inocencia (ya aprenderán) . En el caso de los tipos de la calaña del Correa y señora la razón es muy simple y demuestra que (en el fondo) aún son humanos: “Para qué sirve ser muchimillonario si no se lo puedes pasar por la cara a la gente?”
Para los que no sepan de qué va la cosa, la ZombieWalk es como una romería popular zombi que se celebra cada año en Sitges. La gente se deja el pellejo para estar a la altura y, como podéis ver se meten en el papel de una manera tremenda.Todo un ejemplo de la vitalidad de la llamada sociedad civil catalana, últimamante tan alicaída con eso del Palau y tal.







Los que esteis enfermos de verdad podeis ver más fotos en Flickr:
Una vez entregado el trabajo sobre gastronomía del Pais Vasco para Delta Sky Magazine, sólo queda esperar a que se publique. Entre las fotos descartadas, este retrato que hice en la cocina de un restaurante de superlujo del copón

La cosa era más complicada de lo normal por la falta de espacio y de luz, pero el sujeto tuvo toda la paciencia del mundo. Gracias¡
Vaya por delante que no tengo nada especial en contra de la mentira o la falsedad, de lo contrario no podría seguir trabajando como fotógrafo y me arrancaría los ojos, o algo así. Sin embargo prefiero saber cuándo algo es falso y cuándo no, sin entrar en berenjenales filosóficos ni zarandajas.
Hace unos años estuve en Irak y, ya que estaba allí, me empeñé en visitar las ruinas de la ciudad de Babilonia. El sitio está a unos 150 kilómetros al sur de Bagdad, cerca de Kerbala y llegar allí no fue lo que se dice fácil, pero mereció la pena. Allí pude fotografiar la Puerta de Ishtar.

No había absolutamente nadie, pero eso no es problema, todo lo contrario. Las ruinas solitarias transmitían una sensación de “autenticidad” difícilmente superable.
Hace poco visité el Museo Pergamon, en Berlin. Mi ignorancia es oceánica, de modo que no tenía ni idea de lo que iba a encontrar alli. Nada menos que otra Puerta de Ishtar.


Mosqueado por el tema me informo, sólo para constatar lo que imaginaba: que en un museo no van a montar ese cipote para una simple reproducción. La puerta es verdadera, alguien tuvo la pachorra de llevársela y el detalle de dejar una falsificación en su lugar. De modo que estuve haciendo el Indiana Jones por Mesopotamia sólo para fotografiar una puñetera reproducción de mierda. Ahora no sé cómo queda la cosa. Mis fotos son verdaderas? Es auténtica una foto verdadera de una cosa falsa?
Luego dicen que somos nosotros los manipuladores…
Record Guinness rompiendo 16 sandías con la cabeza en 10 segundos

Estoy trabajando en una serie de retratos de gente peculiar. Leonardo lleva ocho años viviendo del cuento de partir sandías a cabezazos. Según él, es fácil y no tiene efectos secundarios, de modo que podemos estar ante una alternativa factible dada la crisis galopante del sector. Las ventajas son evidentes: Hay poca competencia y no hay que actualizar el software de las sandías cada cuatro días.
Yo me lo estoy pensando.

Cuando alguien me pregunta a qué me dedico yo le contesto: ” hago fotos “ , siempre con la verdad por delante. Entonces suelen pasar dos cosas. Una, que el individuo en cuestión vuelve a la carga e insiste: “pero, eres fotógrafo profesional? “. La tentación es contestar que no, que soy un asesino en serie y que lo de las fotos es por hobby, pero normalmente me contengo y confieso que sí, que soy profesional. Entonces viene la segunda parte. La profesión de fotógrafo es muy variada, y el interrogador quiere saber más cosas, de modo que insiste: ” y qué tipo de fotos haces? “. Aquí llegamos a la parte difícil. La gente tiene una idea totalmente peregrina del asunto, de modo que espera de tí anécdotas divertidas, aventuras exóticas, y un montón de cosas más que hagan más llevadera la cena de padres de la escuela. Si quieres cortar de raíz la conversación no tienes más que decir que eres fotógrafo industrial.

La palabra en sí recuerda la bollería industrial, la reconversión industrial, y un sinfín de cosas cutres e indignas sin el más mínimo interés. El interlocutor asentirá cortésmente y pasará a hablar de sus cosas sin mayores problemas. En el imaginario colectivo un fotógrafo como dios manda ha de ser, (no necesariamente por este orden):
Fotógrafo de Playboy. El summum total y absoluto. Imbatible. Lo más.
Fotógrafo de Moda y Publicidad. Parecido al anterior. Glamour, dinero, chicas a porrillo, etc.
Fotógrafo especialista en coches. O en yates, o en bebidas con gas, o en el sursum corda. Una variante del anterior. El título de especialista vende mucho.
Fotógrafo de National Geographic. Una vida de apasionantes aventuras en países exóticos.
Fotógrafo de guerra. Aventuras también, pero peor pagadas. Peligroso. No mola tanto.
Fotógrafo de reportajes. Viajes gratis, vacaciones todo el año y trabajo fácil. Mi sobrina hace también unas fotos estupendas cuando vamos de vacaciones.
Fotógrafo de prensa. Son unos señores que se amontonan de cien en cien delante de un político o un futbolista para hacer todos la misma foto. Desconcertante. Corre el rumor de que cobran poco.
Fotógrafo de bodas. Aquí ya nos atrevemos todos. sólo hay que montar una tienda y a correr.
Fotógrafo forense. Al menos la gente no sale movida. A veces lo he dicho, pero te miran raro.
Fotógrafo ambulante por plazas y pueblos. Una especie en extinción extinta hace tiempo. Algo así como los traperos o los serenos.
Fotógrafo industrial. El pito del sereno en cuestión. Alguien que hace de todo no puede ser de fiar.
Esta es la visión del pueblo llano, insisto. La realidad, como les gusta decir a los pedantes, es poliédrica, y a la hora de la verdad cada cual se espabila como puede. Aunque sigue habiendo gente muy respetable que son especialistas en arquitectura, o en repostería, hoy día un fotógrafo del montón ha de hacer cualquier cosa que se le ponga por delante, aunque sean fotos para el Playboy.